Libros de texto

Desde hace ya bastante tiempo, el mercado del libro de texto es una especie de bestia negra que asoma el hocico en el mes de septiembre, o incluso en agosto, amenazando a madres y padres con dejarles las carteras vacías de dinero.

Hace solo unos días hablaba con una amiga, calculadora en mano, que me comentaba que solo los libros de las materias obligatorias ya le sumaban más de 250 euros. Habría que sumar después los de las optativas. Ello gracias a lo que creo que es un cúmulo de perversiones.

La más nombrada en estos días es la retirada de ayudas para la compra de libros de texto que a tantas y tantas familias está afectando. A esto se viene a sumar la subida del IVA que ha golpeado, pero no de igual manera, a pobres y ricos. Parece que algunos no se dan cuenta de que hay quien el día 15 es final de mes.

Está claro que nos hemos acostumbrado a que el Estado nos surta de todo tipo de cosas, y a lo mejor, los libros de texto son una de estas cosas. Y eso que hace no tanto, de ayudas ni hablar. Tal vez sea el momento de que cambien ciertas cuestiones en este ámbito.

Los editores de libros de texto, también se quejan de estas subidas, de cómo les repercute, y el caso es que sus ganancias se han reducido sensiblemente, con lo que alcanzaron cerca de 870 millones de euros (página 32 y ss.).  De cualquier forma la industria editorial tiene su peso y su influencia y siempre que hablas con alguien con hijos en edad escolar critica la obligatoriedad de comprar todos los años libros porque no se pueden reutilizar; siempre con ediciones nuevas y revisadas…

Tal vez, dado que la Administración no está por la labor y las empresas están, fundamentalmente, para lucrarse, sea el momento de que la sociedad civil tome cartas en el asunto. De que familias y profesoras y profesores hablen para ver qué alternativas al libro de texto existen. Quienes se dedican a la docencia pueden ponerse manos a la obra para “fabricar” materiales con los que niños y jóvenes estudien y trabajen en clase. Las familias pueden, y ya lo están haciendo, comunicarse y buscar nuevas maneras: compartir, intercambiar, regalar, comprar y vender a otras…

No es novedad que hay centros en los que no hay un único libro de texto, pero es bueno recordarlo, para que todo el mundo comience a pensar cuáles pueden ser sus propias fórmulas para prescindir de este gasto. Internet se ha convertido en el más fantástico repositorio de información y aunque no toda sea fiable, es posible encontrar mucha más que la contenida en los libros de texto. Y en formatos diferentes al texto o al powerpoint. Además, decenas de profesoras y profesores dedican buena parte de su tiempo e inteligencia a desarrollar materiales didácticos digitales, a hacer blogs con su alumnado que pueden ser utilizados íntegramente o como inspiración por el resto de docentes…

Hay tal vez demasiadas posibilidades y resulta complicado para el común de los mortales ponerse a buscar y cribar la información. Pero, ¿no es ese el papel de los profesionales de la educación?

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2 comentarios

Archivado bajo No ficciones

2 Respuestas a “Libros de texto

  1. DePlaymobil

    No es justo cargar la responsabilidad sobre los docentes cuando continuamente se nos reduce el tiempo que tenemos para preparar clases y materiales y se nos imponen más horas de docencia directa; cuando no se nos proporciona material básico de trabajo (no tenemos ni un portátil, las aulas no están en su mayor parte dotadas de material informático ni bibliográfico. Ni siquiera los departamentos y los centros en su mayoría lo están.) No podemos generar materiales didácticos a partir de la nada para atender cada vez más alumnos y con necesidades más diversas cuando carecemos de apoyo y recursos de todo tipo.

    El uso de los libros de texto puede y debe racionalizarse pero no se puede prescindir de una herramienta de trabajo (que en sí no es buena ni mala, esto dependerá de cómo se utilice) sin tener alternativas reales.
    Tampoco olvidemos que la mafia editorial existe y que los responsables políticos no regulan su actividad como deberían ¿Por qué el Ministerio les autoriza a cambiar tanto las ediciones de los libros de texto? ¿Por qué las Consejerías no han invertido dinero en crear bancos de libros y buenas bibliotecas escolares o desarrollar software educativo propio para alumnos y profesores en vez de dar “becas de libros” a las familias para lucro de editores y grandes superficies? Misterio. O no tanto.

    ¿Por qué muchos departamentos didácticos en colegios e institutos carecen de medios tales como ordenadores, impresoras, proyectores etc y se ven obligados a elegir el libro de texto de tal o cual editorial porque les “regala” una pizarra digital? ¿Son esos criterios pedagógicos o económicos? ¿Deben la editoriales ser potencialmente la única vía para hacerse con esos recursos o debe ocuparse de proporcionarlos la administración y prohibir estas prácticas comerciales de las editoriales, de dudosa ética?

    ¿Y qué tal si el propio Ministerio de Educación o las Consejerías pusiesen a equipos de sus docentes a jornada completa -servicios especiales, comisiones de servicio etc- y a otros especialistas a elaborar materiales didácticos y textos propios en diferentes soportes que no tuviesen coste para el alumnado o bien un coste razonable y que pudiesen ser utilizados y mejorados por el resto de docentes?

    Esto es factible pero no interesa. Pues bien, pregunten a quién no le interesa que los alumnos y los docentes tengan acceso a materiales de alta calidad y bajo precio y quizá así se explique por qué las familias tienen que realizar un gasto desorbitado al inicio de cada curso escolar. Una pista: a la inmensa mayoría de los profesores nos encantaría trabajar con bibliotecas escolares, medios informáticos y textos sin derechos de autor y con licencia libres para ser reproducidos o modificados.

    Ahora saquen sus propias conclusiones.

  2. Desde luego no es mi intención responsabilizar a los docentes del uso de libros de texto, pero sí creo que, conociendo los intereses que hay detrás de la industria editora, como bien comentas, es una posibilidad que no debe descartarse.
    Por supuesto son muchas las carencias materiales y temporales de quienes se dedican a la enseñanza. También las temporales. ¿Pero no sería una alternativa interesante desarrollar materiales propios con los que enseñar? ¿No podría ser otra manera de implicar a las familias en el proceso de enseñanza-aprendizaje? A lo mejor me paso de idealista, pero creo que sería interesante. Tal vez ya no con el curso empezando y los libros pedidos y pagados, pero podría utilizarse todo un año para elaborar un material básico con el que comenzar el próximo año.

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