Invertimos por encima de nuestras necesidades

Más o menos ese es el mensaje del Ministerio de Educación al presentar los datos españoles referidos al informe Education at a Glance 2012 de la OCDE. Este organismo, siempre preocupado del desarrollo humano, publicó el pasado 11 de septiembre referido al año 2012, con algunos datos de 2009. Entre ellos, el de la inversión en educación. Según estos datos, 2009 fue el año que más inversión se realizó en Educación en la historia del país, casi un 5% del PIB (por debajo de la media, eso sí) lo que supone unos 53.000 millones de euros.

Para la secretaria de Estado de Educación, Monserrat Gomendio, con las cifras de inversión y de gasto por alumno/año, superiores a la media de la UE-21 y la OCDE, hay margen suficiente como para realizar “ajustes” que mejoren la calidad de la educación hasta que los chicos y chicas alcancen la estratosfera de la excelencia.

Ahora bien, desde entonces ha ido bajando, poco a poco, al menos, hasta 2012. En 2011 y con estimaciones, el Ministerio aseguró que la inversión fue de 800 millones menos. Eso sí, los presupuestos generales del estado para 2012 ya supusieron una caída en el presupuesto del Departamento que dirige Wert. Una semana después, se anunció un recorte que supondría cerca de 4.000 millones menos. Esto dejaría una cifra de unos 48.000 millones. Un dato algo superior al presupuesto total en educación para el año 2007. Hemos retrocecido  cinco años. Eso sin contar con los “ajustes” que han venido realizando las comunidades autónomas.

7.928.727 alumnos previstos en el curso 2011-2012. 7.241.299 era el número de alumnos en 2007… 700.000 más el curso pasado. Este año todavía no están las cifras estimadas para el curso que acabamos de estrenar. Pero no parece muy razonable pensar que con el presupuesto de 2007 puedan hacerse las cosas del mismo modo con casi un millón de alumnos más y, según los sindicatos, 80.000 profesores menos que hace dos o tres años. Si el cálculo de los sindicatos no es desacertado, podría situar al sistema público español en cifras de profesores parecidas a las del curso 2003-2004, momento en el que había 417.000 docentes.

Si todo este baile de cifras (bajadas presupuestarias, de docentes y aumento de alumnos) no afectan en absoluto a la calidad de la educación, se habrá cumplido un milagro. El problema está en que tardaremos todavía unos años en comprender exactamente dónde se encuentra el sistema educativo español. Y entonces dará ya igual acusar a quien recortó o a quien gestionó una educación pública en la que sobraban inversión y docentes.

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