Ese ministro

La verdad es que tenemos un ministro de Educación que no sé si nos merecemos. Es verdad que los españoles somos un pueblo extraño y que en muchas ocasiones tenemos lo que nos merecemos. Pero no sé hasta qué punto hemos hecho cosas malas para esto.

La ristra de comentarios y citas que José Ignacio Wert ha lanzado desde que llegara al cargo a finales de 2011 no tiene medida. Suma y sigue con la intervención este miércoles 10 de octubre en el Congreso de los diputados diciendo que la intención del Gobierno de España es “españolizar a los niños catalanes“.

Ya criticó a los padres por no querer gasta su dinero en la educación de sus hijos, sino en otras cosas. También defendió indirectamente la eliminación de las ayudas para la compra de libros y aconsejó a las familias que se bajen los libros de Internet. Aseguró en su día, en un viaje a Alemania, que el hecho de que la generación de españolas y españoles mejor preparados tenga que irse del país porque aquí no hay oportunidades para nada, no es una cosa negativa. Además, cree (o eso dice) que el crecimiento del sentimiento independentista en lugares como Cataluña se debe al sistema educativa actual; así justificó recentralizar el currículo.

Entiendo que la circunstacia y el ideario mandan. No lo comparto en absoluto, pero es lo que hay. El Gobierno prefiere pagar la deuda ilegítima de los bancos españoles que asegurar los mínimos derechos sociales que teníamos en España. Por tanto, recorta la inversión en Sanidad y Educación. El PSOE calcula que en este último caso, unos 5.000 millones de euros en lo que va de legislatura. El hecho es que la cifra ha caído, desde 2009, en 1.000 millones solo para el presupuesto del Ministerio, lo que supone un tercio del total. A esto habría que sumar los casi 4.000 millones adicionales aprobados en abril, y lo que vengan haciendo las comunidades autónomas desde hace un par de años.

A los recortes se suma el hecho de que el ideario que hoy manda en el PP no es precisamente muy de centro reformista (como en aquella primera legislatura), sino que hoy día las tesis más neoliberales y conservadoras son las que tienen la sartén por el mango. Esto supon la eliminación de la asignatura Educación para la Ciudadanía como se conoció, así como la separación de los jóvenes hacia la FP o el Bachillerato, la vuelta a las reválidas (recuérdese que incluso en los últimos años del franquismo habían sido eliminadas, en la LGE de 1970) que muchos expertos opinan que echarán a muchos estudiantes del sistema educativo… También el hecho de que la educación infantil sea una etapa “de componente educativo menor”, a pesar también de que los expertos del sacrosanto PISA aseguren que cuanto antes comience la escolarización, mejores resultados educativos se consiguen…

Aunque todo esto parece demencial, me sigo preguntando qué hemos hecho para que, además de suprimir la educación pública como la conocemos, el ministro no tenga el menor decoro, siga hablando desde su despacho de ministro como si lo hiciera en una tertulia chusca de la radio. El señor ministro ya no es contertulio, es un ministro, un cargo público de enorme responsabilidad (entre otras cosas por la cartera que dirige) y, sin embargo, no parece asumir la responsabilidad, la educacióin y las maneras de quien ostenta semejante puesto de responsabilidad.

Es muy triste.

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