Y después ¿qué?

Que la Administración central y la de muchas autonomías está dispuesta a desmantelar el sistema público de educación tal y como lo hemos conocido, parece claro como el agua. Miles de profesores menos, miles de millones de euros menos, nueva ley que retoma viejos hábitos preconstitucionales, desaparición de programas como los PROA, disminución de ayudas para libros y material escolar…

Bueno, muchas gente, muchos expertos, están convencidos de que la estrategia es clara: la educación, para el que se la pueda pagar. Y el resto, parafraseando a la señora Fabra, diputada del Congreso, “que se jodan“. Tal vez estas tres palabras resuman bien cierto estilo de política, pero prefiero decir solo tal vez.

El caso es que, ¿y qué? ¿Qué vamos a hacer después, cuando el sistema educativo sea un vertedero? Porque algo habrá que hacer… y si esperamos a que el sistema educativo sea un vertedero, ¿será posible cambiar algo? ¿Mejorarlo? Yo creo que difícilmente.

Hace unos días estuve en un centro de la red vasca Amara Berri. Creo que todos los docentes de este país, las familias y todos los niños y niñas deberían pasar por allí, al menos, 10 días. No es la panacea, y menos en los tiempos que corren y con un Gobierno central muy inmerso en la recentralización de los contrenidos y en su examen minucioso para su homologación. Pero sería interesante visitar, en cualquier caso, uno de los centros de esta red.

Yo estuve en el que le dio nombre, hace ya unas décadas. Se trata de un centro de Infantil y Primaria, como todos los de la red. Y recordé muchas, muchas cosas de las ocurridas al principio de curso.

La primera, y no la más importante, es que las familias no compran libros de texto. Ni uno. Se hace un saco común para material fungible de todo el año. Es lo único que pagan las familias. Esta es una opción a la hora de que llegue septiembre y los libros de texto se conviertan en una tortura. No comprar. Solo unos pocos por ciclo. Y punto.

Pero ya sigo, esto es lo de menos en este centro. Las niñas y los niños no están separados por edades, sino por ciclos (1º, 2º y 3º de Primaria) lo que hace que unos ayuden a otros y todos aprendan de todos… Esta es otra de las cosas que tiene, que no estudian materias, sino áreas de conocimiento a base de tener que realizar un sinfín de actividades… Desde comprar legumbres (unos aprenden a hacer cuentas, otros aprenden sobre maneras de medir y magnitudes, etc) hasta escribir sus propios cuentos…

Y todo el trabajo que hacen, además, se vierte en medios de comunicación gestionados, por entero, por el alumnado. Tienen una televisión interna, un blog, un periódico y una emisora de radio que escuchan en el barrio. Los contenidos están formados por todo aquello que hacen los niños y niñas, es decir, magacines, guiñoles, teatro, cuentacuentos, chistes, etc, etc, etc… Hasta doblan dibujos animados. Todos los contenidos son sobre el centro, todo. La idea clave, que los chavales sientan todo el proceso como propio. Se sienten absolutamente partícipes, protagonistas…

Pero no solo esto. Además, forman comisiones, con algunos adultos, para evaluar cada semana el transcurso de los días. Cuestiones de convivencia, elementos de mejora, aquello que ha ido bien… Comisiones que hablan sobre el trabajo realizado por los alumnos en los medios de comunicación, sobre el funcionamiento de servicios como el comedor, etc.

Es impresionante ver a los alumnos ir de un lado al otro del centro, con las aulas abiertas, gestionando su propio tiempo y esfuerzo y que todo salga bien, todos los días del año.

Y cuando uno pregunta cómo se evalúa… Sí, sí, los alumnos hacen exámenes, como ejercicio para que sepan que este tipo de pruebas se realiza, para que no lleguen a la Secundaria sin haber hecho ningún examen…

Bueno, hablo de este centro, de su red, primero, porque me impresionó lo bien que funciona todo, lo implicados que están los profesores (que por cierto, eso sí, han de trabajar casi 24 horas al día) y los alumnos (que por cierto, tampoco saben lo que es tener deberes para casa). Pero también hablo de esta gente porque, cuando la crisis, la Administración, la Troika y toda la banca internacional hayan chupado hasta el hueso de los exiguos servicios públicos españoles (entre ellos, este de la educación), algo habrá que hacer.

Luchar en la calle, manifestarse, hacer huelga, destapar las incongruencias o falsedades que veamos, es no solo importante, sino fundamental. Pero, mientras tanto, hay que seguir. Y otra forma de lucha es, precisamente, buscar modelos y sistemas alternativos que sean lo suficientemente flexibles como para esquivar a los legisladores y a los administradores. Lo suficientemente motivadores para que niños y niñas no acaben en las vías muertas propuestas por la legislación. Sistemas en los que las familias puedan participar, independientemente de lo que ocurra en los consejos escolares de centro. Vamos, esquivar la legislación lo máximo posible.

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