Resistencia

La nueva Ley de Educación ya está casi lista, casi. Le falta el trámite parlamentario y, teniendo en cuenta cómo ha sido el proceso de elaboración del texto, no habrá tal trámite; será más bien un paseo por los pasillos del Congreso de los Diputados.

Llevamos prácticamente un año criticando duramente esta ley por una cantidad ingente de motivos. Desde un diagnóstico más o menos errado a unos planteamientos completamente fuera de la realidad en cuanto a la manera de abordar los problemas.

Hemos criticado también la segregación de los alumnos, la vuelta a una FP para quienes “no valen” para estudiar, la expulsión de quienes necesitan refuerzos y apoyos porque ya no los tendrán, si se contemplan ni nada por el estilo.

Es difícil no caer en el pesimismo más absoluto pensando en la que se le viene a la educación pública dentro de un año y medio escaso. Muy difícil.

Pero ese es el plazo que existe para hacer todo lo que esté en la mano de cada persona implicada (docentes, familias, administraciones, etc.) para plantear estrategias de todo tipo para luchar y resistir esta ley que va a acabar (o al menos lo intentará) con los frágiles fundamentos de una educación pública ya raquítica y en situación bien complicada.

Es un tiempo en el que hay que plantear ideas y acciones. Pero no solo, o no tanto, de reivindicación (en la calle o no) frente a la ley. Hay que ponerse las pilas para que los centros, las aulas, los pasillos sean auténticas posiciones de fuerza en las que se pueda y se siga enseñando de otra manera, frente a este texto que nos envía al medievo educativo.

Es tiempo, creo, de esperanza y de ideas. Tenemos un curso entero para movilizar a la comunidad educativa frente a la Lomce. Pero no ya en la calle, con la pancarta (que también) si no en los colegios e institutos. Es tiempo de hacer que la educación pública sea ejemplo, a pesar de quien la gestiona en este país.

Hay cientos de ejemplos de trabajo brutal y estupendo en las aulas, con equipos que creen en lo que hacen y, además, lo hacen bien. Es tiempo de resistencia, de desobediencia ante lo que pensamos y creemos que no solo no viene a arreglar nada, sino que lo empeorará. Frente a una norma que quiere que la doble red educativa sea como hace 50 o 60 años en España. Una red subvencionada por el estado, religiosa y mayoritaria, y una pública, enfocada para quien no tenga más salida que esa.

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