Archivo mensual: enero 2013

Qué es la educación

manos

Bueno, esta es una de esas preguntas difíciles, pero creo que puede ser importante darle algún tipo de contestación. O tal vez sea lo más importante dedicarle unas cuantas horas de reflexión. Al menos eso, porque parece que en los tiempos que corren y dadas las urgencias de rescates, recortes, cambios, eficacias y demás historias, lo que más nos han quitado es el tiempo de reflexionar. Y lo que menos queremos utilizar. Es más sencillo utilizar twitter o facebook y el wasap y todo lo demás.

Pero ¿qué nos gustaría que fuera la educación? ¿Tiene que servir para algo? ¿Para qué? ¿La educación es nada más que un medio o es un fin? Y si es un medio, ¿para qué fin? y si es un fin ¿cuál?

Nos hemos acostumbrado a escuchar que la educación debe formar a las nuevas generaciones para enfrentarse mejor al mercado laboral. Da igual que estén en la educación Primaria o en la Universidad. Es lo mismo, a cualquier edad es bueno que niñas, niños y jóvenes vayan entendiendo que el objetivo final es adaptarse al mercado laboral. Si es que este sigue existiendo, claro está.

Pero cada día oímos menos (bueno, en realidad no lo oímos nunca) lo de que la educación es importante para que la gente sepa, sin más. Quiero decir, a mí me gusta pensar más en la educación como un fin en sí mismo, aprender no para aprender, aprender por aprender. Cuantas más fuentes, mejor; cuanto más críticas, mejor; cuanto más tiempo dure la formación, mejor. No sé si es mejor para la sociedad, o para las empresas, la banca, el capital, los gobiernos… Sobre todo es fundamental para las personas que aprenden. Porque acceden a un mayor conocimiento, tanto de sí mismos como de los demás.

Vivimos, lo sé, en un mundo productivo, que quiere ser infinitamente productivo pero ¿de verdad es necesario que sea tan productivo? ¿Tan rentable? ¿Para quién? Creo que es bastante perniciosa tanta productividad, producción, crecimiento y blablabla. Porque ¿quién se beneficia? Desde luego, las personas cada vez menos.

Por ejemplo, un buen motivo para que la educación sea, sin más, un buen fin en sí mismo, es un efecto que produce. Cuantos mayores son los niveles de educación que alcanzan las personas, llevan vidas más sanas. Bueno, no parece un mal comienzo. No parece un mal objetivo de la educación. Y aunque en donde leí esto se refería a la salud física, creo que también se relaciona con la salud emocional, con la mental, con la autoimagen, la autoestima, las expectativas que cada uno tenemos de nosotros mismos.

La educación también para hacer mejores personas. Mejores consigo mismas y con los demás. Conscientes de que viven en una comunidad mucho mayor que ellas mismas, que se extiende en el tiempo y en el espacio (por delante y por detrás) y que lo que hagas, lo que haces, tiene una repercusión, hacia ti, hacia los demás, hacia todo aquello que te rodea.

A mí me interesa tener buena gente alrededor más que tener gente productiva, empleable, “emprendedora”.

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¿Negociar?

ministro

Nos espera un año de órdago, a pesar de que la actualidad educativa está como el tiempo, gris y congelada. Por delante, todavía, la “negociación” del anteproyecto de Ley de Mejora de la Calidad Educativa, que ha cambiado mucho (aunque no tanto) en los últimos meses y que todavía no está terminado.

Se supone que después comenzará la “negociación” del Estatuto del Personal Docente. La verdad, si se produce una negociación con los sindicatos como la que se ha venido desarrollando en todo 2012, habrá que suponer que el Ministerio de Educación facilite a la Mesa Sectorial un texto cerrado que no será bienvenido por casi nadie. Nunca se sabe.

En este año no se ha negociado nada con los sindicatos a pesar de las tremendas transformaciones que se han visto en las condiciones laborales del personal docente. Pero tal vez esto no sea lo peor. Lo que parece más difícil es comprender cómo se va a dibujar una carrera profesional para un colectivo que cada año que pasa se encuentra en peores condiciones laborales. ¿Qué clase de motivación se va a establecer cuando las reducciones salariales de todo el colectivo han sido enormes? ¿Cómo se establece una carrera si la nueva ley abre la puerta a la contratación de personal “experto” que no tiene por qué ser docente?

Seguramente se tratará en este Estatuto Docente de la figura del profesor, de la autoridad que es necesaria que tenga para controlar esa especie de jauría en la que se han convertido los centros públicos de enseñanza. A pesar, eso sí, de que los pocos datos que se ofrecen hoy día en relación con la convivencia en los centros no reflejen exactamente esa bíblica dificultad para dar clase. Ciertamente, aumentar la presión punitiva no creo que sea la solución a esos conflictos. No entiendo cómo amenazando con más y más castigos se puede conseguir que el alumnado “respete” al profesor. Pero todo esto es otra discusión.

Tal vez lo que se esté intentando conseguir, en definitiva, no sea siquiera negociar el Estatuto, sino, simplemente, no conseguirlo. Las diferencias ideológicas (llámenlas cómo quieran) entre las centrales sindicales son muy grandes. Ya en 2007 y 2008 algunos se mostraron de acuerdo con seguir con la negociación y ser “comprensivos” con la situación económica del momento. Es decir, se podría renunciar a la parte meramente retributiva del Estatuto siempre y cuando contemplara una carrera docente clara y con la que se estuviera de acuerdo. Pero no todos los sindicatos lo veían así. Si no se va a hablar de las retribuciones, de los incentivos, ¿para qué hablar?

La situación de la economía es mucho peor ahora que hace cuatro o cinco años. Mucho peor. La capacidad de presión de los sindicatos, lamentablemente, parece no ser suficiente para una Administración que tiene las cosas muy claras y las decisiones muy tomadas. Y desde luego, su capacidad de negociación, hoy, es casi nula. Tanto en cuanto, el Ministerio no negocia, solo expone y dispone.

¿No será que hay cierta intención, dadas estas circunstancias, de separar aún más a los  sindicatos con respecto a la negociación del Estatuto?

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